¡Amo viajar!


03 Sep
03Sep


Hoy en día (bueno, hasta antes del covit 19), el 90% de la gente (que puede pagarlo) ¡AMA VIAJAR!


No simplemente le gusta, lo disfruta o, superlativamente, le encanta...sino que lo ama.


Viajes a lo japonés


Sin entrar en detalles acerca del uso de amar casi cualquier cosa a la que antes nos referíamos como encantar o fascinar (se trata de otro calco más del inglés, o sea, de una mala traducción), me interesa más la actitud.


Viajar se ha convertido hoy en parte de una lista de cosas que deben hacerse compulsivamente. Es otro bien de la canasta básica del "no te lo puedes perder", de "disfrutar la vida al máximo".


Todo mundo va a los mismos países, sitios emblemáticos, espectáculos; todos tienen las mismas fotografías (bien podrían pasar por ediciones). En un solo tour visitan muchos lugares, pero no entienden nada; miran muchas cosas, pero no ven nada, van a los museos, pero no a los mercados de pulgas.


No me malentiendan, no me refiero a que viajar y conocer otras ciudades, países, culturas, no sea interesante pero, como en muchas otras cuestiones, el hacerlo sólo porque sí, o de una forma más consciente, puede ser muy diferente.


Mucho menos quiero decir que quienes viajen de esta forma moderna deban dejar de hacerlo.



Viajar en automóvil


Además de que volar en avión me pone un poco nervioso, prefiero, por mucho, hacerlo por tierra, pues no sólo el destino es importante, el recorrido suele estar a la par y, en ocasiones, supera en interés al primero.


Recuerdo aquellos viajes en los que en el Maverick '77 (placas 991 BJR), mi padre nos llevó a lugares como Chachalacas (Veracruz), Manzanillo, Chapala, Ixtlán del Río (Nayarit) y muchos más. Esas largas horas de viaje podrían desesperar a muchos viajeros de hoy, que sólo ven aburrimiento en las carreteras, y que estarán hoy en Brasil, mañana en Turín y el domingo en Australia, pero a mí me llenaron de paisajes, comida, personas y, por las noches, de macabras formas  de sombras en los arbustos a los lados de la carretera.


Viajar en autobús


Hasta hace poco, al igual que en automóvil,  me encantaba viajar en autobús foráneo, ya que podía ir más cómodo que en aquél, además de leer, (intentar) dormir o, simplemente, mirar por la ventanilla para ver las vaquitas pastar. Sin embargo, esa intimidad (mal llamada privacidad) se ha acabado gracias a que los autobuses modernos están llenos de pantallas (y de películas terriblemente malas y, por si eso no fuera ya demasiado, dobladas al español), y su escándalo, tanto auditivo como visual,  ha dado al traste con el amor que les tenía.


Para que no se queden con la impresión (muy acertada) de que me la he pasado quejándome, les diré que hace dos años hice un viaje en automóvil al sureste del país, que disfruté al máximo: tres días de charla amena, comida sabrosa y carreteras sin fin.


Antes de despedirme, dejo un pequeño experimento para quien guste hacerlo:


En su próximo viaje, de preferencia corto y a un lugar que ya conozcan, absténgase de tomar fotografías; dedíquense, únicamente, a contemplarlo con los ojos. Si ponen la atención necesaria, quizá su cámara mental se encargue de almacenar las fotos.


¡Feliz viaje! (Dale aquí para escuchar un rolón)

Por cierto, ¿cómo te gusta viajar a ti? ¿Cuál viaje ocupa el primer lugar en tus recuerdos y en tu corazón?




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