¿Cómo ganan dinero las redes sociales?


21 Sep
21Sep

Acabo de ver en Netflix el documental El dilema de las redes sociales. Quizá piensen que ya hay muchos que tratan el tema, principalmente, de la adicción que causan dichas redes. Sin embargo, la forma de abordarlo me dio mucho en qué pensar.


Como comentaba en el correo, si las empresas de redes sociales no cobran la suscripción, ¿por qué tienen tanto dinero? 


Entremos de lleno al documental...


Dicen que "si no pagas por un producto (o servicio), entonces tú eres el producto". Los anunciantes pagan a las redes sociales por el producto más valioso: nuestra atención, por mantener nuestra atención el mayor tiempo posible, y así, maximizar la venta de sus productos o servicios.


Jaron Lanier (cuyo libro Diez razones para eliminar tus redes sociales ahora mismo, estoy por leer, incluso así, me atrevo a recomendárselo) va más allá, y dice que el producto es el cambio gradual e imperceptible que nuestra percepción y conducta sufren.


Esto se logra por medio de las matemáticas, de los algoritmos, de la Inteligencia Artificial. Todas estas aplicaciones están programadas con técnicas avanzadas de inteligencia artificial, que aprenden de nuestros gustos e intereses (y, más allá, de nuestros sentimientos y emociones) para mostrarnos las sugerencias más adecuadas y atractivas para cada usuario.


Tristan Harris, ex empleado de Google (la mayoría de los protagonistas del documental son ex empleados de Facebook, Google, etc.) y "líder de este movimiento", expone la diferencia entre una herramienta real y una aparente:


* Una herramienta real está al servicio del hombre: un desarmador, una bicicleta o una computadora.

* En cambio, una herramienta aparente, como las actuales redes sociales, se presentan, inocentemente, como herramientas; sin embargo, tienen su propio objetivo: manipulan, seducen y, al final, toman el control de las personas.


El punto que me pareció clave es el Sistema de Recomendaciones.


No soy afecto a redes como Facebook, Twitter, Instagram, Pinterest...de la mayoría de ellas ni siquiera tengo una cuenta (o la di de baja). No obstante, sí soy adicto a los contenidos. Es decir, a blogs, sitios web o canales en YouTube de temas que me interesan.


Me he suscrito a varios blogs y dedico mucho tiempo a "informarme" en Internet. Sin ir más lejos, recientemente me ha atrapado el StoryTelling (narración publicitaria), y, sin darme cuenta, la semana pasada me suscribí a tres sitios relacionados con el tema.


Lo anterior se debe, en gran parte, al sistema de recomendaciones, que me llevó de blog en blog, de web en web, de Amazon a ebay, hasta acumular una cantidad de información que me demanda muchísimo tiempo, y también algo de dinero (sobre todo, por la compra de libros en Amazon).


El viernes pasado (antes de ver el documental) me cayó el veinte. Pensé que ya era demasiado, y no sólo en cuanto al StoryTelling. Tenía que ponerme a dieta de "contenidos".


Por supuesto, el documental me cayó como anillo al dedo (cliché, lo sé).


Regresemos al sistema de recomendaciones.


Lo que éste hace es, precisamente, recomendarte productos, servicios, sitios, artículos, de acuerdo con tus intereses. Ya sea en redes como Facebook e Instagram, en YouTube o Vimeo, en Amazon o MercadoLibre, o en la mayoría de los blogs. Y no es que esté mal que te recomienden cosas que te interesan. El problema está en la cantidad "infinita" de recomendaciones y, por su puesto, en el objetivo, que no es ayudarnos mostrándonos cosas lindas e interesantes, sino en ganar millones a costa de esto.


Otra parte del documental toca temas más extremos que, si bien no suelen ser de mi interés, no quisiera dejar de mencionar:


Muchas de las cosas que se presentan en estas redes (en Facebook, en especial), al hacerse de forma dedicada, no muestra lo mismo para todos. Por eso, aunque creas que si viste algo en Facebook otra persona vio lo mismo, eso no es completamente cierto. 


No es casualidad que sugiera videos de teorías de la conspiración a usuarios que creen en dichas cosas. Hay cuestiones que han sacudido la política internacional, y que se gestaron en Facebook. No les cuento más del tema, para que lo vean en el documental.


Después del shock inicial y de asimilar la situación, decidí hacer algunos cambios en mi relación con el mundo digital.


1. Dieta de contenidos. Eliminar mis cuentas de la mayoría de los blogs. Sólo me quedaré con las que me interesen mucho y, además, que no envíen correos con mucha frecuencia (máximo, una vez por semana).

2. Notificaciones. Desactivar las notificaciones (alertas, avisos, o como gusten llamarlos) de mis dispositivos: computadora, tableta y todófono (es decir, teléfono inteligente). Parecen nimiedades, ya que sólo toma unos cuentos segundos (o minutos) atenderlas, pero llegan a ser tantas, que su acumulación se vuelve un tiempo considerable.

3. Depuración de aplicaciones. Sólo me quedaré con las indispensables.

4. De todófono a teléfono. Tratar que el teléfono sea eso principalmente. Además de depuración de aplicaciones y desactivación de alertas, quitaré mis cuentas de correo.

5. Correo. No lo tendré activo siempre. Lo revisaré dos o tres veces al día, y el resto del tiempo estará cerrado.

6. Al momento de trabajar (como al escribir este artículo), desconectar la computadora de la red, para estar concentrado en la tarea.

7. Eliminar o minimizar el uso de WhatsApp. Ya la eliminé antes, pero recibí muchas quejas (de adictos a WhatsApp). No fue por esto que lo reinstalé, sino porque hay gente que sólo podía contactarla por este canal. Al menos, minimizaré su uso, no estaré al pendiente de la pantalla del teléfono (no tenerlo cerca, a menos que espere un mensaje o una llamada importante) y usarlo sólo para mensajes cortos.

8. Tener en cuenta que se trata de una adicción y, por tanto, no es sencillo dejarla. Hay que tomarse el tiempo necesario, hacerlo paulatinamente, y no frustrarse si se cae en la tentación de vez en cuando.


En realidad, todos los puntos anteriores son pautas del minimalismo, no ideas mías, pero creo que vale la pena retomarlas.


Huelga decir que les recomiendo ampliamente el documental. Sin embargo, no me parece una buena idea espantarse y tomar medidas extremas (como donarme todos sus dispositivos e irse a vivir al Amazonas). Antes de tomar cualquier acción, hay que tratar de entender cómo nos afecta este vicio y cómo debe afrontarlo cada quien.


Por cierto, Netflix es parte de lo mismo. Aunque es más claro en las series, ya que su esencia es la continuación, todo su esquema se basa en el sistema de recomendaciones.



Espero sus comentarios (claro, si deciden conservar este blog en su dieta digital).



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