¿Por qué se maquillan y se arreglan tanto las mujeres?


09 Sep
09Sep

Hay quienes prefieren a las mujeres muy arregladitas y pintaditas (a eso le llaman presentables); sin embargo, a mí me gustan más cómo se ven al natural.


A mi parecer, es muy incómodo el maquillaje (una vez me pinté de payaso para una fiesta infantil, así que tengo una vaga idea de lo que se siente), además de que arruina el rostro, al igual que los productos de belleza (claro, usados en exceso y durante varios años).


Si son lo suficientemente mayores, quizá recuerden una sabia canción de los 70's que decía algo así:

"Niña, no te pintes tanto, que me das espanto cuando te me acercas".


De eso trata el artículo invitado que les presento hoy: "Feminismo, minimalismo y libertad", escrito por Laura Onofre.




Feminismo, minimalismo y libertad



Se puede decir que hoy en día hay una fuerte ola de feminismo y minimalismo. No pienso que esto sea mera moda o casualidad. Creo que han regresado porque el momento histórico que vivimos nos lo pide.

Para mí, el feminismo y el minimalismo van de la mano. Una filosofía me ayuda a desaprenderme de enseñanzas bien arraigadas y la otra me ayuda a quedarme sólo con lo esencial y necesario.

Históricamente, a las mujeres nos han limitado con miles de estándares y reglas a seguir: vernos de cierta manera, actuar de cierta manera, querernos o no querernos bajo ciertos parámetros y un sin fin de patrones más que tenemos que cumplir para poder sobrevivir el día a día.

La creencia tan aprendida de generación en generación de vernos femeninas y bonitas para que el mundo nos acepte y nos apruebe.

La creencia aprendida de necesitar un montón de productos extra que, curiosamente los hombres no necesitan.

En este punto, hay un cuestionamiento clave que viene fundándose desde el minimalismo y en muchas otros aspectos más:

¿Realmente necesito de tantos acondicionadores para el cabello?
¿Realmente necesito de todos los maquillajes y productos faciales para verme mejor?
¿Para quién me quiero ver así?

Se ha capitalizado tanto nuestro cuerpo, que cualquier imperfección o mancha, resulta una verdadera aberración para nosotras.

Sin duda, gracias al feminismo y minimalismo he podido replantearme estos estándares.

¿Por qué necesitar de toallas femeninas y contaminar más de lo que ya está contaminado el mundo, cuando por décadas, se viene manejando la copa menstrual? ?¿Por qué hasta mis casi treinta años, me di cuenta de que tal maravilla existe?

Vivir creyendo firmemente en estas dos corrientes (feminismo y minimalismo), me ha hecho llegar a una tremenda iluminación: las dos significan libertad.

Libertad de juicios hacia mí y hacia las y los demás, libertad de arraigo a lo material, libertad de vivenciar mi cuerpo como me plazca y libertad de amarme como soy, como vine y como probablemente me iré de este mundo: sin cosas, ni maquillaje.

Hay que aclarar que podemos apropiarnos del feminismo y del minimalismo como mejor se nos acomode: Si queremos ser feministas depiladas, maquilladas y entaconadas, excelente. Si queremos ser minimalistas con una colección enorme de viniles, perfecto.

Es precisamente ese espíritu de libertad lo que nos permite amoldarnos a cualquiera de las dos corrientes.

Seamos quienes queramos ser para nosotras y nosotros mismos, y permitamos ser a los demás como ellas y ellos quieran serlo.



Ya hablaré de minimalismo en otra ocasión, pero lo que más me impresiona del artículo es la forma tan sencilla, pero  tan contundente, en que expone por qué se arreglan las mujeres.


Si gustan leer el artículo original, aquí está el enlace:

Feminismo, minimalismo y libertad


Dicho post pertenece al blog de su esposo, Pedro Campos, referente del minimalismo en México; se los recomiendo mucho:

La vida minimal


Y, para acabar con las recomendaciones, y no se queden con la idea de que sólo las mujeres hacen cosas por complacer, una película de, ¿adivinen quién?, claro, de Woody Allen: Zelig, que lleva la complacencia al extremo:

Zelig-El camaleón


Espero sus comentarios.




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